Apresentação: Este texto foi apresentado no XXII Salão de Iniciação Científica, pela bolsista Marize Schons.
Fundo de Origem: BIEV/ LAS/ NUPECS/ PPGAS.
Fonte: Antropologia da memória do trabalho na cidade moderno-contemporâneo. CAPES 2009. Coordenação Dr. Cornelia Eckert.
Autor: Marize Schons. Bolsista de Iniciação Científica. PROBIC/FAPERGS. Orientadora Dr. Cornelia Eckert.Local: Porto Alegre.
Data: 21 de Outubro de 2010.
Tags: Por Onde Andamos.
Texto Marize
Apresentação: Fragmento de diario de campo que presenta las primeras observaciones de una aprendiz de etnógrafa sobre las interacciones cotidianas de las personas que viven y trabajan en una calle del centro de Porto Alegre Fundo de origem: BIEV/LAS/NUPECS/PPGASFonte: Alternidades populares en los imaginarios y las identidades culturales urbanasAutor: Ana Cecilia Silva (CONICET, Argentina)Local: Porto AlegreData: Outubro de 2010Tags: Rapsodia urbana.Primeros olhares sobre uma "cuadra" de Porto AlegreDe este lado de la vereda y de mis preguntas, junto al edificio, hay una peluquería y “salón de belleza”. Es un local pequeño, con una vidriera en la que se exhiben productos de cosmética y carteles con fotografías de mujeres bellas en los que figura la lista de servicios que se ofrecen. En la vereda, junto a una gran maceta de material, hay un banco “de plaza”, ubicado de espaldas a la calle y mirando hacia la fachada del local. El banco es de madera, con pies de hierro forjado. Hoy hay dos mujeres sentadas, ambas rondando los 40 años. Una de ellas parece ser empleada de la peluquería; lleva un delantal encima de la ropa, pantalones de jean y bastante “bijouterie”. Ha sacado los pies de sus ojotas, que quedaron en el suelo. Estira sus piernas y mueve los pies con movimientos relajatorios, mientras conversa con la otra mujer. La puerta de la peluquería-salón está abierta, y puede verse en su interior a otras mujeres, unas cuatro o cinco, clientas y empleadas, en un clima de distensión. Ninguna parece apurada. Una señora de unos 60 años, con tintura en el cabello, lee el diario de espaldas a la puerta. Reparo en que ese banco en la vereda oficia de espacio de encuentro y sociabilidad femenina, una suerte de apropiación del espacio público como extensión del negocio.Hago unos pasos más en la misma cuadra y entro ahora en “territorio” masculino: un bar con mesas en la vereda, mesas y sillas de plástico, de un color amarillo estridente, donde suelo ver un grupo de hombres sentados, en diferentes horarios. Las caras cambian pero la escena es la misma: tienen sus “chops” de cerveza en la mesa, conversan, las sillas ligeramente orientadas
hacia la calle, miran a los que pasan y si es una mujer joven seguro comentan algo. Hoy, a esta hora, hay sólo un hombre, flaco, canoso y con ropa de trabajo, que toma una gaseosa. Se ha colocado mirando hacia a la calle y observa a las personas que pasan, entre ellas yo. Nuestros ojos se cruzan por unos instantes, parece perdido en sus pensamientos.En seguida noto que otro punto de encuentro y reunión de varones está funcionando en ese mismo momento al lado, en un garage-lavadero de autos. Un grupo de hombres de distintas edades está conversando de pie en la entrada del establecimiento. Más atrás, otro hombre mayor de edad, de pelo blanco, muy delgado y con la piel curtida, cuya cabeza está coronada por una gorra deportiva de colores fuertes los observa de pie con un ejemplar del diario Zero Hora abierto en sus manos. A su lado veo dos sillas de plástico, éstas de color blanco, con almohadones, que han sido colocadas en la vereda de cara a la calle y parecen cumplir una función semejante a la del banco de plaza de la peluquería.Llegando a la esquina, un edificio con el frente cubierto de rejas y al lado, la sede de una Universidad privada que no tiene rejas pero sí un guardia de seguridad con uniforme y cara de pocos amigos. Doblando apenitas, el otro acceso al lavadero y un puesto callejero de comida “rápida” (panchos, pasteles fritos) que ya está en plena actividad y completa el abanico de actividades comerciales y de servicios que se despliega en la cuadra (al que se suma, los fines de semana, la venta de antigüedades y objetos usados en la plaza).Justo en la esquina, la garita que marca la parada de colectivos con su circulación de personas que esperan, estudiantes con sus mochilas con el logo de la UFRGS , una mujer apurada que lleva de la mano a una nena de unos diez años íntegramente vestida de rosa. Apenas termino de acomodarme en la cola cuando veo aparecer “mi” ómnibus entre el flujo ininterrumpido de vehículos que emerge, en dirección al centro, desde lo alto del viaducto que eleva la avenida Borges de Medeiros por encima del lago de los Açorianos.
Apresentação: Fragmento de diario de campo que presenta las primeras observaciones de una aprendiz de etnógrafa sobre las interacciones cotidianas de las personas que viven y trabajan en una calle del centro de Porto AlegreFundo de origem: BIEV/LAS/NUPECS/PPGASFonte: Alternidades populares en los imaginarios y las identidades culturales urbanasAutor: Ana Cecilia Silva (CONICET, Argentina)Local: Porto AlegreData: Outubro de 2010Tags: Rapsodia urbana.Primeros olhares sobre uma "cuadra" de Porto AlegreSon las 9 y media de la mañana y salgo a la calle desde el edificio en el que estoy parando, cerca del centro; “perto de todo” me dicen acá. El día está apenas tibio, hará unos 18 grados y un viento intermitente trae y lleva sonidos y olores. [...]Voy caminando por la calle Cel. Genuíno hacia la avenida Borges de Medeiros, para tomar el colectivo que me llevará al campus de la Universidad. La vereda está ocupada por andamios, bolsas de material y “medias sombras” que cuelgan del frente del edificio. Están haciendo arreglos en la fachada, y los golpes y martillazos de los albañiles trabajando se suman al paisaje sonoro de esa esquina: ruido de motores, vehículos en marcha, alguna bocina, voces que se acercan y se alejan, de vez en cuando un grito de los obreros, también ruidos de obra más lejanos que vienen de algún otro edificio del otro lado de la avenida. La experiencia también es olfativa: bocanadas de un olor acre y complejo, mezcla de orines de antigüedad variable que a su vez le dan cierta viscosidad a las veredas,
grasa de motores, combustible y basura alternan con el perfume de árboles y plantas y el olor a comida que emerge de bares y puestos “al paso”. La plaza de enfrente está parcialmente oculta detrás de un cerco de vehículos. En esta esquina he observado que paran varios fleteros, con sus camionetas, vehículos utilitarios con sus carteles de madera, pintados a mano, ofreciendo servicio de traslados y mudanzas; otros dicen solamente “frete”. Detrás de ellos asoma la vegetación frondosa de la plaza, las hamacas y juegos para niños, de madera, pintados de colores brillantes.Del otro lado de la plaza se encuentra la parada de taxis, una construcción de madera con techo “a dos aguas” junto a la cual se puede ver la hilera de autos pintados de su característico color naranja. Algunos choferes conversan de pie en la vereda, toman mate, mientras esperan a los pasajeros. A esta hora ya no está la mujer joven que desde algunas noches he notado que duerme regularmente en la plaza, con un perrito negro, en un colchón y cubierta con mantas de los pies a la cabeza. He leído, en un trabajo de la Universidad sobre esta misma esquina, que se referían a esta plaza como territorio “de nadie”. Parece que esta mujer y otros dos hombres que también suelen dormir ahí son esos “nadies” que efectúan a diario, cada noche, el gesto de ocupación y apropiación de ese espacio público que les ha sido sustraído estructuralmente, expulsando a los otros/as (¿los “alguien?) que los esquivan, cruzan de calle, desvían la mirada entre el miedo y la indiferencia. Tensiones invisibilizadas por la luz de la mañana, de la que se han ido la mujer y el perrito negro y su colchón y sus mantas.